¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más clara la luna brilla y se respira m

Uploaded 7 Apr 2010 — 6 favorites
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© Alejandro González
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Photo license: © All rights reserved

¡Cálmate, pues, vida mía!
Reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando al día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh! Sí, bellísima Inés
espejo y luz de mis ojos;
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.

4 responses

  • Kathleen Mercado

    Kathleen Mercado (Deleted) said (7 Apr 2010):

    Sublime!:)

  • nö

    (Deleted) gave props (7 Apr 2010):

    yes, sublime!

  • John Linton

    John Linton gave props (13 Apr 2010):

    And the hits just keep on comin'.

  • Pilar Coll i Gatells

    Pilar Coll i Gatells said (14 Apr 2010):

    Arbolé, arbolé

    seco y verdé.

    La niña del bello rostro

    está cogiendo aceituna.

    El viento, galán de torres,

    la prende por la cintura.

    Pasaron cuatro jinetes

    sobre jacas andaluzas

    con trajes de azul y verde,

    con largas capas oscuras.

    «Vente a Córdoba, muchacha».

    La niña no los escucha.

    Pasaron tres torerillos

    delgaditos de cintura,

    con trajes color naranja

    y espadas de plata antigua.

    «Vente a Sevilla, muchacha».

    La niña no los escucha.

    Cuando la tarde se puso

    morada, con luz difusa,

    pasó un joven que llevaba

    rosas y mirtos de luna.

    «Vente a Granada, muchacha».

    Y la niña no lo escucha.

    La niña del bello rostro

    sigue cogiendo aceituna,

    con el brazo gris del viento

    ceñido por la cintura.

    Arbolé arbolé

    seco y verdé.

    Federico García Lorca

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