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la luz y su estiercol

la primera manifestacion
ria de ferrol
andar por las ramas
el amor a una ventana
barbanzones
simbiosis
demasiado tiempo
ardian los bosques
LA RIA DE ARES
desde la Meseta al Oceano
CON LOS PIES EN LA TIERRA

entre risas y los arboles, el llanto discurre bajo las piedras plagiando las venas invisibles bajo la piel intachaqble de la luz.

Lo demas son bocetos, meras aproximaciones a la desnudez que jamas palpamos a no ser en la muerte del otro donde la piel se transfigura haciendo insoportable la ausencia de luz en el unico rincon del universo donde ella se hace efimera sin contar con nuestra duracion totalmente indescifrable.

Los antiguos astrólogos dizen en la çïençia

de la astrología, una buena sabiençia,

qu'el omne, quando nasçe, luego en su naçençia,

el signo en que naçe le juzgan por sentençia.

Esto diz Tholomeo e dízelo Platón,

otros muchos maestros en este acuerdo son:

qual es el asçendente e la costelAlaçión

del que naçe, tal es su fado e su don.

Muchos ay que trabajan sienpre por clerezía,

deprenden grandes tienpos, espienden grant quantía;

en cabo saben poco, que su fado les guía:

non pueden desmentir a la astrología.

Otros entran en orden por salvar las sus almas,

otros toman esfuerço en querer usar armas,

otros sirven señores con las sus manos amas,

pero, muchos de aquestos dan en tierra, de palmas.

Non acaban en orden nin son más cavalleros,

nin han merçed de señores nin heredan sus dineros;

porque puede ser esto, creo ser verdaderos,

segund natural curso, los dichos estrelleros.

Porque creas el curso d'estos signos atales,

dezirt'é un juïzio de çinco naturales,

que judgaron un niño por sus çiertas señales,

dieron juïzios fuertes de acabados males.

Era un rey de moros, Alcaraz nonbre avía;

nasçióle un fijo bello, más de aquél non tenía;

enbïó por sus sabios, dellos saber quería

el signo e la planeta del fijo queAl nasçía.

Entre los estrelleros queAl vinieron a ver,

vinieron çinco dellos de más conplido saber;

desque tomaron el punto en que ovo de nasçer,

dixo el un maestro: ¡Apedreado ha de ser!

Judgó el otro e dixo: ¡Éste ha de ser quemado!

El terçero dize: ¡El niño ha de ser despeñado!

Diz el quarto: ¡El infante ha de ser colgado!

Dixo el quinto maestro: ¡Morrá en agua afogado!

Quando oyó el rey juïzios desacordados,

mandó que los maestros fuesen muy bien guardados;

fizolos tener presos en logares apartados:

dio todos sus juïzios por mitrosos provados.

Desque fue el infante a buena hedat llegado,

pidió al rey su padre que le fuese otorgado

de ir a correr monte, caçar algún venado;

respondióle el rey que le plazia, de grado.

Cataron día claro para ir a caçar;

desque fueron en el monte, óvose a levantar

un revatado nublo, començó de agranizar,

e a poca de ora començó de apedrear.

Acordóse su ayo de cómo lo judgaron

los sabios naturales que su signo cataron;

¡Señor! diz, ¡acojámonos, que los que a vós fadaron

non sean verdaderos en lo que adevinaron!

Pensaron mucho aína todos de se acojer;

mas como es verdat e non puede fallesçer

que lo que Dios ordena en cómo ha de ser,

segund natural curso, non se puede estorçer:

façiendo la grand piedra, el infante aguijó,

pasando por la puente, un grand rayo le dio,

foradóse la puente, por allí se despeñó,

en un árbol del río de sus faldas se colgó.

Estando ansí colgado, a do todos lo vieron,

afogóse en el agua, acorrer non lo podieron:

los çinco fados dichos todos bien se conplieron,

los sabios naturales verdaderos salieron.

Desque vido el rey conplido su pessar,

mandó los estrelleros de la presión soltar;

fízoles mucho bien e mandóles usar

de su astrología, en que non avié que dubdar.

Yo creo los estrólogos verdad naturalmente;

pero, Dios, que crió natura e açidente,

puédelos demudar e fazer otramente:

segund la fe cathólica yo desto só creyente.

En creer lo de natura non es malestança,

e creer muy más en Dios con firme esperança;

porque creas mis dichos e non tomes dubdança,

pruévotelo brevemente con esta semejança:

çierto es que el rey en su regno ha poder

de dar fueros, e leyes e derechos fazer:

d'esto manda fazer libros e quadernos conponer,

para, quien faze el yerro, qué pena deve aver.

Acaesçe que alguno faze grand traïçión,

ansí que por el fuero deve morir con raçón;

pero, por los privados, que en su ayuda son,

si piden merçed al rey, dale conplido perdón;

O si, por aventura, aqueste que lo erró,

al rey en algund tienpo atanto le servié,

que piedat e serviçio mucho al rey movió,

por que del yerro fecho conplido perdón le dio.

E ansí como por fuero avía de morir,

el fazedor del fuero non lo quiere consentir;

dispensa contra el fuero e déxalo bevir:

quien puede fazer leyes puede contra ellas ir.

Otrosí puede el papa sus decretales far,

en que a sus súbditos manda çierta pena dar;

pero, puede muy bien contra ellas dispensar,

por graçia o por serviçio toda la pena soltar.

Veemos cada día pasar esto de fecho,

pero, por todo eso las leyes y el derecho

e el fuero escripto non es por ende desfecho,

ante es çierta çïençia e de mucho provecho.

Bien ansí Nuestro Señor Dios, quando el cielo crió,

puso en él sus signos e planetas ordenó,

sus poderíos çiertos e juïzios otorgó,

pero, mayor poder retuvo en sí que les non dio.

Ansí que por ayuno e limosna e oraçión

e por servir a Dios con mucha contriçión,

non ha poder mal signo nin su costelAlaçión:

el poderío de Dios tuelle la tribulaçión.

Non son por todo aquesto los estrelleros mintrosos,

que judgan segund natura por sus cuentos fermosos;

ellos e la çïençia son çiertos e non dubdosos,

mas non pueden contra Dios ir, nin son poderosos.

Non sé astrología nin só ende maestro,

nin sé astralabio más que buey de cabestro;

mas porque cada día veo pasar esto,

por aqueso lo digo; otrosí veo aquesto:

muchos nasçen en Venus, que lo más de su vida

es amar las mugeres, nunca se les olvida;

trabajan e afanan mucho, sin medida,

e los más non recabdan la cosa más querida.

En este signo atal creo que yo nasçí:

sienpre puné en servir dueñas que conoscí;

el bien que me feçieron non lo desagradesçí:

a muchas serví mucho que nada non acabesçí.

Comoquier que he provado mi signo ser atal

¡en servir a las dueñas punar e non en ál!

pero, aunque omne non goste la pera del peral,

en estar a la sonbra es plazer comunal.

Muchas noblezas ha en el que a las dueñas sirve:

loçano, fablador, en ser franco se abive;

en servir a las dueñas el bueno non se esquive,

que, si mucho trabaja, en mucho plazer bive.

El amor faz sotil al omne que es rudo,

fázele fablar fermoso al que antes es mudo;

al omne que es covarde fázelo muy atrevudo,

al perezoso faze ser presto e agudo;

al mançebo mantiene mucho en mançebez

e al viejo faz perder mucho la vejez;

faze blanco e fermoso del negro como pez,

lo que non vale una nuez amor le da grand prez.

El que es enamorado, por muy feo que sea,

otrosí su amiga, maguer que sea muy fea,

el uno e el otro non ha cosa que vea

que tan bien le paresca nin que tanto desea.

El bavieca, el torpe, el neçio e el pobre

a su amiga bueno paresçe e rico?onbre,

más noble que los otros; por ende todo onbre,

como un amor pierde, luego otro cobre.

Ca, puesto que su signo sea de tal natura

como es este mío, dize una escriptura

que ¡buen esfuerço vençe a la mala ventura

e a toda pera dura grand tienpo la madura.

Una tacha le fallo al amor poderoso,

la qual a vós, dueñas, yo descobrir non oso;

mas, porque non me tengades por dezidor medroso,

es ésta: que el amor sienpre fabla mentiroso.

Ca segund vos he dicho en la otra conseja,

lo que en sí es torpe con amor bien semeja,

tiene por noble cosa lo que non vale una arveja:

lo que semeja non es, oya bien tu oreja.

Si las mançanas sienpre oviesen tal sabor

de dentro, qual de fuera dan vista e color,

non avrié de las plantas fructa de tal valor;

mas ante pudren que otra, pero dan buen olor.

Bien atal es el amor, que da palabra llena,

toda cosa que dice paresçe mucho buena:

non es todo cantar quanto rüido suena;

por vos descobrir esto, dueñas, non aya pena.

Diz: ¡Por las verdades se pierden los amigos,

e por las non dezir se fazen desamigos.

Ansí entendet sano los proverbios antiguos,

e nunca vos creades loores de enemigos.

como dice el Arcipreste de Hita

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